Graves problemas, grandes soluciones: acuerdos globales y acciones locales para enfrentar el cambio climático

Ago 31, 2017 // By:AnaHerrera // No Comment

Más de 34 mil millones de dólares se han invertido en la búsqueda de mecanismos que contribuyan a mitigar los daños del cambio climático[1]. Para 2020 se espera triplicar la cifra y conseguir los 100 mil millones anuales para interconectar los acuerdos globales que garanticen el sentido de implementar acciones a favor de la vida en la tierra.

Desde hace 23 años los líderes del mundo se reúnen para dialogar sobre posibles soluciones ante el exceso de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que han debilitado la capa de ozono y que derivan del consumo de energía eléctrica, de actividades industriales y de prácticas agrícolas.

Los acuerdos de las reuniones tienen un proceso en el tiempo que pierde fuerza conforme pasan los años. El protocolo de Kioto (Japón) se acordó en 1987 y entró en vigor en 2005, en ese lapso Estados Unidos abandonó el tratado en 2001 y Canadá lo hizo en 2011, una vez que ya estaba ratificada su participación. Japón y Rusia también se han manifestado en contra este acuerdo que invita a resarcir el daño ambiental de las economías más fuertes en el mundo, que son también las que más contaminación generan.

Los acuerdos mundiales pierden el objetivo colectivo al verse sobrepasadas por los sistemas políticos e intereses de cada país. A partir de la reunión celebrada en Cancún, México, en 2010, se han establecido compromisos de todos los países en materia de reducción de emisiones directamente en el proceso de negociaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Desde su respectiva geopolítica, cada nación debe apoyar o ser apoyada para enfrentar las drásticas consecuencias del cambio climático. Recientemente EUA, se unió al grupo de Siria y Nicaragua para mantenerse fuera del acuerdo de París (2015), que en términos generales busca continuar con los esfuerzos para mitigar los impactos del cambio climático y evitar el incremento en la temperatura del planeta de 2º centígrados.

A través del Fondo para el Medio Ambiente Mundial y del Fondo Verde Climático se busca dar respuesta ante una situación que marcha contra reloj: ¿cómo financiar todas las acciones que deben emprenderse para evitar la crisis ambiental?

Actualmente existen más de 20 programas convocados por entidades internacionales como la ONU y el Banco Mundial  para llevar a cabo una red de acciones colectivas y articuladas entre los gobiernos y ciudadanos del mundo, junto a sus respectivos sistemas económicos, en vías de generar un medio ambiente menos gris y más saludable.

Los programas tienen como objetivo fortalecer las capacidades de cada nación en torno a la cultura ambiental,  ya sea a través del uso de energías sustentables, transferencia de tecnología, implementando bonos de carbón en las actividades económicas o bien con la adquisición de conocimientos e insumos dirigidos a generar mayores capacitades para conservar los ecosistemas y la biodiversidad que habita en ellos.

Los alcances del sistema REDD+

Ecosistema forestal mexicano Nevado de Toluca

Combatir la tala de árboles por el abuso de la comercialización de productos maderables o por el establecimiento de la agricultura o ganadería en los bosques de la tierra,es un mecanismo de la ONU enfocado en reducir la deforestación y degradación para captar el dióxido de carbono (CO2 y principal contaminante GEI) que utilizan los árboles para su alimentación y evitar liberar hacia la atmósfera el que almacenan en su interior.

Desde 2008 el programa Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD +)  ha incentivado a 42 países a realizar acciones para mejorar el estado de sus bosques, especialmente en Europa, América Latina y el Caribe,  regiones en donde se encuentra el 50 % de la cobertura forestal total en el mundo[2].

A partir de las necesidades de cada país, y de sus sistemas de organización internos, los alcances del programa son variados. En el caso de México, las acciones REDD+ comenzaron después de la reunión en Cancún 2010. Desde entonces, se ha logrado orquestar y armonizar el trabajo entre 14 instituciones y 86 comunidades de 8 estados que ya trabajan sobre una Estrategia Nacional para preservar los ecosistemas forestales,  presentes en el 70% del suelo mexicano.

De acuerdo a Lesly Aldana, coordinadora de proyectos de Rain Forest Alliance, Asociación Civil internacional que impulsa la Estrategia REDD+ en México, este sistema logró implementar una visión de desarrollo rural sustentable a través de una visión integral y holística sobre acciones regionales que pasaron por diferentes etapas, desde la conceptualización compleja y transmisión sencilla del impacto del C02, hasta la sensibilización sobre las consecuencias del cambio climático en diferentes dependencias del gobierno mexicano.

En entrevista para Ecohistorias, la especialista, comisionada en articular el sistema REDD+  en comunidades mexicanas , afirma que las actividades que buscan reducir las emisiones “también deben ser una opción económica para las comunidades que viven en ellas”.

En los 6 años de trabajo, la implementación de la estrategia representó varios retos como superar la barrera del idioma, pues en distintas zonas forestales aún se habla alguna de las 68 lenguas indígenas que existen en México.

Con una intensa actividad de campo, 133 mil hectáreas de bosques fueron optimizadas; además, se brindó capacitación a 3,762 habitantes de comunidades para mejorar sus prácticas forestales y encaminarlas hacia la sustentabilidad de sus recursos, es decir, empoderándoles y brindándoles autonomía para cubrir sus necesidades actuales pero sin comprometer las opciones para las generaciones futuras.

La estrategia REDD+ también ha fomentado la equidad de género.
En fotografía: María Cecilia Juana de la comunidad de San Isidro Buen Suceso en el estado de Tlaxcala

Dirigida por la Comisión Nacional Forestal, el estado actual de REDD+  se encuentra en la última de 3 fases. Los pagos por acciones enfocadas en reducir las emisiones estarán a prueba en los siguientes años para conseguir el intercambio financiero pactado por las instancias internacionales, una vez que se cumpla el mantenimiento que se brindará a los bosques.

Después de Costa Rica, único país en América Latina que ha conseguido llegar a la fase final de pago por resultados con el Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques (FCPF) por 63 millones de dólares, México se ubica junto a Brasil, en espera de conocer los montos económicos una vez que sus planes de inversión ya fueron aprobados.

Las actividades REDD+ han tenido éxito en distintas escalas; los bosques en México no pertenecen al estado sino a comunidades y ejidos que buscan permanecer en la delgada línea de la producción sustentable: consumir lo necesario y retribuirle a la naturaleza lo tomado.

La delgada línea que separa

Actividades de ganadería en la zona del nevado de Toluca

Existe una crítica importante hacia la implementación de estos y otros sistemas que hacen del cambio climático una oportunidad para la continuidad de las acciones que llevaron a la humanidad hasta este punto.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano expresa en las primeras líneas de su obra  Las venas abiertas de América Latina que “la división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”, en relación a la vulnerabilidad que existe en la región a partir del expansionismo de las potencias europeas que desde el siglo XVI ejercieron el dominio al otro lado de sus fronteras.

A partir del tratado de Kioto existe polémica en relación a los tipos de bonos de carbono que cada nación implementa así como para establecer un precio fijo por tonelada. Los bonos se venden y se compran en un esquema de negociaciones para que los países industrializados puedan pagar por contaminar sin afectar los compromisos mundiales.

Las naciones más industrializadas son también las que emiten una mayor cantidad de emisiones de GEI; llevar a cabo estrategias de reducción en países con menos desarrollo, pero por ende, con mayores recursos naturales, es una forma de cumplir con los acuerdos mundiales pero es también una manera de evadir la responsabilidad de realizar acciones en sus propios territorios.

Para proteger a las comunidades ante la fragilidad de esos mecanismos, los salvaguardas ambientales surgieron como un concepto derivado de los acuerdos mundiales que busca blindar las prácticas lucrátivas de países o corporativos mediante el establecimiento de 7 rubros que fomentan la cultura forestal autónoma en relación a las características de las comunidades y a sus necesidades.

Para Lesly Aldana, otro de los logros de la acciones ejecutadas por REDD+ México, es que a partir de un incremento en la información sobre el manejo forestal y agrícola, las comunidades pueden ponerle un precio a su carbono que no sólo se materializa en dinero, sino también en una garantía de perdurabilidad de sus recursos naturales, que además de brindar servicios ambientales a nivel local y nacional, se suma a las actividades necesarias para cumplir los compromisos que México asumió ante el mundo: reducir en un 25% sus emisiones de GEI para 2030.

La línea es delgada, entender el cambio climático como una industria más, que sólo se identifica mediante números y dólares se encuentra de un lado, pero del otro lado hay una verdadera revolución en los hábitos de ciudadanos, instituciones y organizaciones de la sociedad, visibilizando la importancia de las y los dueños de bosques y reservas naturales que diariamente realizan arduas labores de preservación sin dejar de lado la producción a través de acciones conscientes y que consideran al desarrollo sustentable como una nueva forma de vida.

Fuentes:

[1]CEPAL 2014 Fuentes de financiamiento para el cambio climático  http://www.cepal.org/es/publicaciones/37217-fuentes-financiamiento-cambio-climatico

[2] http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/36810/1/S2014280_es.pdf

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