Desde las grietas y con fallas, la reconstrucción de la CDMX

Sep 2, 2019 // By:AnaHerrera // No Comment

A casi 2 años de los sismos de septiembre, la reconstrucción de la CDMX enfrenta la incertidumbre a partir de la resiliencia en comunidades de Tláhuac e Iztapalapa.

Desde hace más de 10 años la zona era un foco rojo: las grietas y hundimientos reflejados en las cuarteaduras de la tierra y de las casas preocupaban a distintas comunidades de las alcaldías de Tláhuac e Iztapalapa. En 2014 se documentan y registran 5,752 personas vulnerables en 330 lotes que aparecen en el Atlas de Peligros y Riesgos de la Ciudad de México en Tláhuac.

A casi dos años de los movimientos telúricos del 7 y 19 de septiembre de 2017 que cobraron la vida de 471 personas en México y generaron más de 30 mil damnificados en la Ciudad de México (CDMX), también quedó en evidencia la gravedad del agrietamiento en la metrópolis y la ausencia de integración de saberes para entender cómo enfrentarlos.

De acuerdo a la Comisión de la Reconstrucción, en la CDMX existen 195 cuadrantes encargados de organizar la reconstrucción en las 16 alcaldías; cada cuadrante atiende en promedio a 50 viviendas. Iztapalapa tiene 93, Tláhuac 41 y Xochimilco 35 cuadrantes, con lo cual se evidencia la gravedad de los daños en la zona suroriente de la ciudad.

En Tláhuac, la unidad habitacional Villa Centroamericana y del Caribe, construida en la década de los 90, es una zona afectada por los sismos a partir de su proximidad con las fallas geológicas. Ana María Martínez de 64 años, junto a los vecinos de la unidad han formado una comunidad ávida de ser informada para enfrentar la cotidiana incertidumbre sobre si serán reubicados o deberán aprender a vivir sobre las grietas y junto a las fallas.

De acuerdo a la recomendación de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, en ésta y otras comunidades afectadas por el sismo del 19 de septiembre, existe la posibilidad de desplazamiento forzado a causa del desastre una vez que el derecho a una vivienda adecuada, digna y segura, se ha vulnerado.

Estas circunstancias han llevado a los habitantes de la Villa Centroamericana a ser protagonistas y testigos de uno de los mayores retos socioambientales que enfrenta la CDMX: su reconstrucción.

Amado Sánchez, cuyo departamento se encontraba en 1 de los 2 edificios demolidos en el conjunto habitacional, se mudó a la casa de su hija en la misma unidad después de haber acampado 5 meses afuera de su edificio. Tras las últimas pláticas sostenidas con el área del gobierno responsable de la reconstrucción de la CDMX, la reubicación de él, su esposa y más de 70 personas, es casi un hecho.

Ante este escenario y frente a todos los aprendizajes que han tenido tras el sismo, él afirma: “No sabemos la problemática del suelo a donde nos van a reubicar, se puede desgajar el cerro con un movimiento. Nos quieren reubicar en unas minas de Arena en Iztapalapa”.

Y es que la reconstrucción no es sólo a partir de la infraestructura, sino también desde el tejido social.

Las fallas no son sólo geológicas

En la misma unidad, Mónica Reyes encabeza la brigada de medición de grietas. Ella junto con Mayra, Irene y Verónica han mapeado con una varilla de construcción las grietas que se generaron en la Villa Centroamericana. En sus recorridos han ubicado tres grietas con orientación oriente-poniente que atraviesan la unidad, afectando áreas verdes, escuelas, un hospital y sus hogares.

Monica y Mayra identificando grietas en Unidad Villa Centroamericana, Tláhuac. Foto: Clement Detry.

Ellas, junto a sus vecinos, solicitan que las grietas localizadas por el colectivo de mujeres, se actualicen en el Atlas Nacional de Riesgos, ya que aún no se han documentado en este mapa que permite consultar los riesgos más representativos y actuales del suelo mexicano.

Por recomendación de ingenieros, iniciativa de vecinos y acciones institucionales, algunas grietas han sido cubiertas por encarpetado asfaltico y otros tratamientos, pero el relieve se sigue percibiendo. La trayectoria de las grietas es continua y constante. Recorrer los barrios implica levantar los pies de más para subir ese escalón que aparece de pronto, entrar a las casas produce una ilusión óptica resultado de la inclinación, mirar la calles es notar como los autos, bicicletas y camiones se hunden para después volver a la superficie.

Mónica, al igual que su vecina Ana María, lleva 2 años buscando respuestas ante las múltiples dudas que derivan de la emergencia; los estudios realizados por las dependencias responsables, lejos de brindarles información clara, les han confundido al dar distintos tipos de riesgo sobre las estructuras de sus hogares.

Ana María tiene distintos tipos de información, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda dijo que el inmueble se encuentra en condiciones de ser habitado; Protección Civil de la alcaldía dijo que el riesgo era intermedio, mientras que el Instituto de Seguridad para las Construcciones, decretó que el inmueble debía ser demolido. A partir del Dictamen Geo Estructural, implementado en junio de este año, su hogar debe ser tratado para reconstrucción con tratamiento de grietas.

La transición política está siendo un factor que está jugando en contra, los cambios de representantes públicos han significado un momento de ajustes, la corrupción que caracteriza a la política mexicana se ha vuelto a manifestar en la reconstrucción de su capital y eso es un tema que transgrede realidades sin que haya aún responsables específicos, pero sí muchos vacíos de acciones específicas.

Para 2019 la Comisión de Reconstrucción de la CDMX pronostica reacondicionar 11 mil 884 viviendas unifamiliares, avanzar en 400 edificios e intervenir algunas unidades habitacionales, con el presupuesto asignado de 3 mil 500 millones de pesos. Para 2021 se contempla concluir la reconstrucción de las viviendas afectadas en la capital a través de un presupuesto final de 7 mil millones de pesos.

Sin embargo, aún permanece la interrogante sobre los 28.5 millones de pesos que recibió la Secretaría de Obras y Servicios, según el informe de reconstrucción de junio de 2018, para los estudios sobre la mecánica de suelos en las colonias Del Mar, Miguel Hidalgo, Agrícola metropolitana y Villa Centroamericana de Tláhuac que nunca fueron ejercidos, como lo denuncia el periodista Clement Detry en su reportaje “Grietas, fallas y estudios de suelo fantasmas en el oriente de la Ciudad de México”.

El suelo de la ciudad está tan agrietado como el sistema político en México, pero hubo un0 que fue primero que el otro. En este caso la geología nos explica cómo es que se originaron este tipo de condiciones en el subsuelo del suroriente de la capital mexicana.

La tierra cambia y nosotros cambiamos el suelo

En la CDMX y alrededores interactúan más de 20 millones de personas. Las inundaciones constantes y sus hundimientos diferenciales la hacen tener distintos tipos de riesgos. La ciudad es un valle rodeado de sistemas montañosos de origen volcánico habitados por extensos bosques de agua que cobijan un 59% de su territorio total bajo el criterio de suelo de conservación.

http://www.fundacionunam.org.mx/ecopuma/la-unam-te-explica-la-historia-hidrologica-de-la-cuenca-de-mexico/

Mucho tiempo atrás, antes de existir esta gran metrópolis, había un extenso lago rodeado por las sierras de Pachuca al noroeste, la de Guadalupe y Tepotzotlán al oeste, la del Tepozán al este, la sierra de Las Cruces al suroeste; al oriente, la sierra Nevada y la de Río Frío y en el centro oriente, la Sierra de Santa Catarina.

Previo a esta evolución geológica, el agua en el Valle de México seguía su cauce con dirección al río Balsas, pero la llegada del volcán del Ajusco al sur, como parte de la sierra Chichinautzin, ocasionó que se volviera una cuenca endorreica, es decir, sin salida del cauce natural fuera de la cuenca.

Las lluvias en la cuenca permitieron la existencia de más de 45 ríos que descendían de las montañas hasta llegar a la parte más baja y así unirse a un sistema de 5 lagos que llegó a almacenar más de mil kilómetros cuadrados de agua.

La urbanización comenzó del centro hacia afuera, el lago fue desviado hacia otras cuencas y secado hasta sus raíces, sin embargo, cada temporada de lluvias el riesgo en la ciudad es inminente: el agua guarda memoria, mientras que las montañas comparten un origen volcánico que nació de fallas geológicas.

http://www.fundacionunam.org.mx/ecopuma/la-unam-te-explica-la-historia-hidrologica-de-la-cuenca-de-mexico/

De acuerdo a Iván Herrera, geólogo del Instituto Politécnico Nacional (IPN), en el oriente de la ciudad hay fallas profundas en la corteza terrestre ligadas a la Sierra de Santa Catarina, y en donde hay fallas profundas en la corteza terrestre, por lo general se forman volcanes, “cuando hay un sistema de volcanes alineados puedes inducir que ahí va la falla, es casi un hecho”.

Sin embargo, existen algunas variables que impiden separar con exactitud una grieta de una falla, pues a veces las grietas se pueden comportar como fallas, sin embargo, su principal diferenciación es que la falla está regida por esfuerzos y acomodos en las placas tectónicas, mientras que la grieta se da por falta de agua o por fenómenos exógenos, pero no por una relación directa con los sismos.

En el caso de Tláhuac e Iztapalapa, las grietas ya existían mucho antes de los sismos, la vocación lacustre del ecosistema permitió la realización de actividades de agricultura a través de la chinampa, ahí se generó un cambio de uso de suelo que a partir de la urbanización y de erradicar la agricultura en la ciudad, transgredió nuevamente el suelo.

La crisis hídrica en la ciudad y la extracción de agua del subsuelo, son hipótesis que agudizan el agrietamiento en ambas alcaldías, cuya vulnerabilidad se incrementa al considerar los graves problemas que ya de por sí enfrentan en el suministro de agua potable y en el servicio de drenaje.

Y es que las ramificaciones de la falla de Santa Catarina, ligada a la Sierra del mismo nombre, pasan por debajo de la Villa Centroamericana, y cruzan con la falla de Mixcoac, que transita en el subsuelo de la colonia La planta en Iztapalapa.

 “Para nosotros la emergencia no ha terminado”

Jeanette Bautista, desplazada de su hogar en la unidad Molino en La planta, Iztapalapa, detectó un agrietamiento que denunció desde 2011.

La barda de su unidad  colinda con los andadores Unión y Revolución, cuyos habitantes también están por ser reubicados. Los 12 edificios de la unidad tienen triángulos pintados, así se fue midiendo el grado de riesgo en ellos, si hay una X adentro del triángulo, no es habitable, si sólo hay una línea, se puedo habitar aún. Esta última simbología está en su edificio.

Jeanette Bautista, col La Planta, Iztapalapa. Foto: Clement Detry.

Después de los sismos, ella y su familia se fueron a rentar al norte de la ciudad. Ella ha vuelto a la unidad para atender las reuniones de vecinos con las autoridades sobre el tema de la reconstrucción, tiene 46 años y recientemente ha comenzado a tener molestias en las cervicales, “muchos vecinos perdieron sus trabajos y se han ido enfermando”, explica en entrevista al compartir su testimonio.

Organizada con sus vecinos, está en pie de lucha para que las autoridades les garanticen un lugar más seguro para vivir, pues les han dicho que los edificios pueden ser demolidos y se construirán unos nuevos, reforzados. No obstante, a partir de lo que han conocido sobre el suelo en el que están parados, ella y sus vecinos no lo consideran una opción viable para un patrimonio que además se heredará a sus hijos “Sé que el suelo no va a soportar otra edificación”.

De acuerdo al “Primer informe del Proyecto piloto grietas, fallas y socavones” encabezado por la geóloga recientemente fallecida Fernanda Campa, la reubicación de las viviendas afectadas por fallas del subsuelo, “ha sido reiteradamente propuesta en diversas conclusiones de la geotecnia y geofísica”, sin embargo, su implementación es difícil y requiere de un autentico trabajo de equipo entre dependencias responsables y comunidades.

“Lo que nosotros queremos saber es cómo se va a comportar el suelo… aprender a vivir con la incertidumbre”, cuestiona Mauro Madariaga habitante de la Villa centroamericana.

La organización de las comunidades afectadas es un síntoma de que la reconstrucción de la ciudad no es sólo a nivel de la infraestructura, sino desde lo cotidiano y considerando la dimensión social. Sin embargo, poco se habla sobre este tema, más aún sobre la parte emocional que también es crucial para atender la emergencia que se detonó en cada uno de los 30 mil afectados en la ciudad.

La intervención adecuada de la administración pública es sin duda una oportunidad de generar resiliencia para enfrentar los desastres. La opinión científica y la sistematización de información, así como el seguimiento de lo ocurrido a dos años de los sismos, son también fundamentales para integrar conocimientos para sobrellevar la incertidumbre que igual que las grietas, aún prevalecen en las calles de la ciudad.

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