Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre en el contexto de la pandemia por el COVID19

Ene 28, 2021 // By:Anel Jiménez Carrizosa // No Comment

Hoy se conmemora el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre, en un contexto que pocos hubiésemos imaginado hace un par de años: una pandemia que ha afectado profundamente actividades, patrones de consumo, hábitos y expectativas. Aun cuando la pandemia mundial causada por el coronavirus ha disminuido drásticamente la movilidad humana y actividad industrial, esto no ha representado una victoria en cuestión de disminución de gases efecto invernadero, principal causa del calentamiento terrestre.

Cuando comenzaron los anuncios de medidas drásticas de confinamiento en varios países me costaba creer en la realidad de la situación. Un virus y su enfermedad obligando a cerrar fronteras, a aislarse del contacto con desconocidos, amigos e incluso familiares, a cambiar esquemas de trabajo y estudio presenciales por un esquema a distancia. El desconcierto a algunos nos hacía dudar, pero poco hemos comprendido la magnitud de la situación.

Tomar clases en línea, trabajo a distancia desde casa, cancelación de encuentros, conciertos, viajes. Todo aspecto de la vida humana se vio modificado. Muchos obedecieron el llamado a quedarse en casa. La Ciudad de México nunca paró, pero definitivamente disminuyó su ritmo.

Pensar en ello, a simple vista al menos, podría significar una reducción en los niveles de contaminación, generación de dióxido de carbono y de otros gases que provocan el calentamiento terrestre. No solo contamos desde entonces con la oportunidad de reducir nuestras actividades sino también con el tiempo suficiente para realizar labores introspectivas.

Desafortunadamente, la pandemia no ayudó a reducir la amenaza del calentamiento global.

¿Por qué la pandemia no ha disminuido contundentemente las emisiones de gases de efecto invernadero?

A la entrada en vigor de las medidas más contundentes en contra de la pandemia mundial, es decir, el confinamiento que redujo la movilidad en las ciudades, y entre países se disminuyó en un 17% las emisiones de dióxido de carbono. Por ejemplo, algunas estimaciones señalan que de enero a marzo de 2020 con respecto a 2019 se disminuyó en Europa el 90% del tráfico aéreo y en Estados Unidos en un 50%. El tráfico terrestre, a nivel global, disminuyó en el mismo periodo en 50% con respecto a 2019.

La movilidad en bicicleta aumentó, pues se recomendaba su uso para evitar las aglomeraciones. La producción de bicicletas aumentó en un 21% anual, de acuerdo con datos del INEGI. Se acondicionaron senderos ciclo-carriles y según algunas estimaciones, el aumento del uso de bicicletas aumentó en poco más de 200%.

Esto pintaba para bien, aparentemente. Sin embargo, desde junio de 2020 se observaba que esto no fue suficiente para reducir los niveles de dióxido de carbono y otros gases que favorecen el calentamiento terrestre. De acuerdo con la Organización Metereológica Mundial (OMM) la desaceleración industrial provocada por el covid-19 no ha frenado los niveles récord de gases de efecto invernadero, esto debido a que las concentraciones son la suma de las emisiones pasadas y presentes.

La paradoja

Después de aquella pausa, el confinamiento desencadenó la caída abrupta de las economías. Los países se vieron obligados entonces a regresar a sus actividades industriales (y retomar la movilidad en función de ello) para evitar una mayor catástrofe económica. En el caso de México, las actividades económicas ni siquiera se frenaron al nivel de otros países y el comercio informal siguió operando.

Debido a que las actividades se han retomado la producción industrial de plásticos se ha disparado. Esto debido a que las actividades se realizan con medidas de sanidad que exigen aditamentos desechables. Los cubrebocas quirúrgicos (aparentan ser de tela pero en realidad están hechos de plástico) y guantes son el ejemplo más representativo. Su efectividad en contra del coronavirus nos obligan a consumirlos y producirlos a un ritmo que amenaza profundamente los ecosistemas. El confinamiento en nuestro país ha sido un privilegio, pues muchos se han visto obligados a continuar con sus labores de manera habitual. Un trabajador que debe salir cinco días a la semana podría generar hasta 1 kilo de desechos al mes tan sólo en cubrebocas.

La crisis ambiental que se aproxima conforme avanzamos al 2030, fecha que consideran el parte-aguas irreversible de continuar con los mismos patrones de producción-consumo, se vio momentáneamente esperanzadora ante el confinamiento. Sin embargo, la amenaza de la caída económica propició retomar ese mismo patrón y quizá, lo empeoró de cierta manera.

¿Es realmente 2030 el año límite para el mundo?

Algunos científicos alertan de las consecuencias de estas circunstancias y de las dinámicas sociales y económicas parecen ser prueba de que el hecho de que nuestro modo de vida no da para más. Sin embargo, tampoco hay una salida clara.

¿Crees que tenemos una oportunidad ante la catástrofe derivada del calentamiento terrestre?

Noticias ONU. Ni el confinamiento por COVID-19 da tregua al cambio climático: los gases que calientan la Tierra llegan a niveles récord. 

BBC. Coronavirus y cambio climático: por qué la pandemia no es realmente tan buena para el medio ambiente

El financiero. LLeva, llévame en tu bicicleta: producción de bicis alcanza record debido al miedo al virus.

Forbes México. Los tapabocas: una nueva forma de contaminación mundial.

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