Defender el Ajusco: brigadas de conservación por los bosques y la memoria

La resistencia y la esperanza se mantienen pese a la conflictividad socioambiental sobre el suelo de conservación de la Cdmx

El trayecto es cuesta arriba.

Desde periférico sur, una de las avenidas principales de la Ciudad de México, toma casi una hora llegar en auto a los senderos que llevan hacia la cima. El paisaje alrededor se transforma, la urbanización va quedando atrás y los bosques comienzan a emerger hasta convertirse en los protagonistas.

El Ajusco, la montaña más alta de la Cdmx, con sus 3,940 Metros Sobre el Nivel del Mar (MSNM), destaca entre la cordillera que marca los límites entre el Estado de México y Morelos, entidades vecinas.

Del vocablo náhuatl Axochco, «donde brota el agua», esta montaña se ubica principalmente en la alcaldía Tlalpan, pero también se puede acceder desde la alcaldía Magdalena Contreras.

Su origen volcánico y su capacidad para la recarga hídrica lo convierten en una parte esencial del Bosque de Agua de la Sierra Ajusco-Chichinautzin, un ecosistema generador de servicios ambientales desde donde se suministra el 70% de agua que consume la cada vez más sedienta Cdmx.

Los fines de semana, grupos de senderistas y familias provenientes de diversos puntos, disfrutan de pasear por los senderos del “pico del águila” como también se le conoce coloquialmente por su silueta.

Ofertar platillos típicos de comida mexicana, el ecoturismo y el aprovechamiento de recursos forestales, como las plantaciones sustentables de árboles de navidad, son actividades que se han convertido en fuente económica importante para las personas de comunidades en esta serranía.

Sin embargo, el Ajusco es hoy en día un territorio complejo y en disputa.

El avance urbano, la presión inmobiliaria, los cambios de uso de suelo y las actividades extractivas están poniendo en riesgo los ciclos de la naturaleza tanto como a la población que lo habita y también a quienes lo visitan.

Caminar contra el olvido y la impunidad

Desde que era niño, su padre lo llevaba a él y a su familia a caminar por el Ajusco, no sólo de día sino “hasta que los ojos se adecuaran a la luz de la propia noche”, cuenta Abraham Rojas, integrante del colectivo Elefante que desde hace cuatro años acompaña brigadas de búsqueda de personas que se reúnen junto a las familias con la esperanza de volver a ver a quienes no han vuelto a casa.

El año pasado, el Ajusco volvió a ocupar los titulares de los medios al ser un foco rojo.

La desaparición de dos jóvenes estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México, Olin Vargas en 2024, así como Ana Ameli García y el senderista Luis Óscar Ayala, ambos en 2025, han desplegado brigadas de búsqueda en una zona tan extensa y diversa que resulta compleja de dimensionar.

Cumbres del Ajusco es una de las 25 Áreas Naturales Protegidas de la Cdmx. Comienza a los 3,500 MSNM y alcanza su punto más alto casi a los 4 mil. Abarca 920 hectáreas (ha), aproximadamente 50 más que las del Bosque de Chapultepec, pero su geografía es más agreste, rocosa y con presencia de barrancas.

Bajo los pinos y encinos, los pastizales de alta montaña rompen los momentos de silencio con el paso de las brigadas de búsqueda.

“Se camina contra el olvido”, relata Abraham quien también fomenta procesos de formación para madres y padres buscadores brindando recursos desde el movimiento corporal para sostener los recorridos con técnicas como el parkour o rapel.

En 2025 se llevó a cabo la 6.ª Brigada de Búsqueda de Personas Desaparecidas en el Ajusco, reuniendo a más de 300 personas entre familiares, colectivos y elementos policiales.

Tras siete días, la búsqueda fue suspendida por orden del gobierno con el argumento de riesgos e inseguridad en la zona. No se encontraron rastros ni respuestas.

El árbol de los encuentros en la cima de la presencia

Esto no impidió que, la última noche, la brigada encaminara sus pasos para ver el amanecer en el Árbol del Encuentro en la Cima de las Presencias, un homenaje a las personas desaparecidas en un territorio adolorido que busca sanar ante la gravedad de un Estado fallido.

La guerra contra el narcotráfico,  la impunidad en la que se enmarca el signo político de México y el incremento de las economías ilegales y extractivas, son causales de la distopía que ha llevado a la desaparición de más 130 mil personas.

De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, de enero de 2020 a noviembre de 2025, en Tlalpan desaparecieron 398 personas.

¿Cómo mapeas la violencia en el territorio?, cuestiona Maleny García, integrante también del colectivo Elefante, ante una realidad difícil de entender.

El Ajusco también enfrenta la amenaza de grupos de talamontes que, desde 2022, se han desplegado de forma sofisticada a lo largo de las más de 230 mil hectáreas de la región del Bosque de Agua para cortar entre 300 y 400 árboles en tan sólo un día.

Tlalpan es la alcaldía más grande de Ciudad de México, cuenta con 11 pueblos originarios que habitan las zonas medias del bosque del Ajusco. En esta periferia, la siembra de maíz es una práctica recurrente así como el cuidado de los bosques.

En los últimos años esto se ha buscado fortalecer por distintos programas institucionales.

—No hay brigadista forestal que no se haya enfrentado a talamontes, explica un integrante de la brigada comunitaria de San Miguel Topilejo, que prefiere preservar su anonimato.

Esta práctica extractiva en la región forma parte de una red estructurada de economías ilegales diversificadas que operan desde la impunidad y que parecen haber encontrado un centro de operaciones, en la profundidad de las montañas al sur de la ciudad.

De acuerdo con los testimonios de mujeres que laboran en la zona de restaurantes en el camino hacia el Ajusco, el turismo disminuyó en los últimos meses, pero con la llegada de la época decembrina la venta de árboles de navidad representó una oportunidad para recuperar los paseos familiares que solían llenar de vida el lugar.

El suelo de conservación: un símbolo de resistencia

Fuente: Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural

De acuerdo con el Programa General de Ordenamiento Ecológico, 59% del territorio de la Cdmx es considerado como suelo de conservación; estas 88 mil hectáreas se distribuyen principalmente en 7 alcaldías de la zona sur.

Tlalpan tiene 84% de su suelo considerado como área de conservación, de acuerdo con el mismo programa que no se ha actualizado desde 2003.

La misma información oficial sigue circulando desde hace 23 años, pero dista mucho de lo que se puede observar al subir hacia el Ajusco, cada vez con más cantidad de asentamientos, viviendas irregulares y extracción ilegal de madera entre sus bosques.

En una solicitud a la Plataforma Nacional de Transparencia, al que se pide información tras la desaparición del Instituto Nacional de Acceso a la Información, las diversas instituciones ambientales consultadas no lograron responder cuánto ha cambiado la cifra de 84% del suelo de conservación en Tlalpan, la propia alcaldía respondió que “se considera incompetente para proporcionarle la información requerida”.

Por su parte, la Secretaría del Medio Ambiente concluyó que debido a que el Programa de Ordenamiento Ecológico sigue vigente, el porcentaje del territorio de Tlalpan clasificado como suelo de conservación, sigue siendo el mismo porque así lo cita dicho instrumento normativo.

“Sin otro particular, reciba un cordial saludo”, mencionan al finalizar el oficio de respuesta.

Actualmente el Plan General de Desarollo para la Cdmx 2025-2045 se encuentra en un proceso de consulta, el Programa General de Ordenamiento Territorial que se deriva ha sido uno de sus puntos más sensibles pues concentra los lineamientos para organizar un territorio de lo más complejo y diverso, que enfrenta procesos de gentrificación, riesgos socioambientales, avance inmobiliario y suelo de conservación en alta vulnerabilidad.

Para esta propuesta de ordenamiento socioambiental en una de las ciudades más grandes del mundo, las voces de comunidades y ejidos tienen mucho que decir para dar a conocer las experiencias y demandas desde los propios territorios.

“Todos los bosques tienen dueñas y dueños: las comunidades y ejidos”

—Y eso a veces se nos olvida, explica Iván Isasky, Vicepresidente de la Asociación Mexicana de Profesionales Forestales, sección Cdmx.

De acuerdo con el Registro Agrario Nacional, casi 40 % de esa área de conservación es propiedad de 91 núcleos agrarios, por lo que asumir desde la responsabilidad y el cuidado de la naturaleza que los bosques son “de todas, todos y todes” es una idea que se complejiza.

En los pueblos originarios de la sierra del Ajusco, la mayoría de habitantes solía reconocerse, pero a partir de los años 70 comenzó un proceso de urbanización; personas de distintos lugares del país llegaron “levantaron muros y causaron disrupción social. Ya no son comunidades cerradas”, explica Isasky.

Esta problemática se ha agudizado por el avance de la mancha urbana, que asfixia cada vez más la zona verde de la ciudad.

De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente, se están llevando a cabo acciones para erradicar la invasión de 2.500 hectáreas, lo que representa 3 veces el ANP Cumbres del Ajusco.

Por su parte, la comunidad del Ejido de San Nicolás Totolapan, que también es un centro ecoturístico de la alcaldía Magdalena Contreras, tiene claro su objetivo “no ejercer presión en nuestro bosque, las nuevas generaciones nos van a agradecer si logramos hacer esa contención”, detalla Juan Ortíz, ex presidente del Comisariado.

De acuerdo a Isasky, las personas habitantes de la periferia de la Cdmx y el suelo de conservación que también se encuentra en las alcaldías Xochimilco, Milpa Alta, Tláhuac y Cuajimalpa, se encuentran en resistencia “contra el olvido de sus tradiciones, de su conocimiento, porque tratan de mantener sus condiciones de agricultores y silvicultores, pero se encuentra contra el saqueo y la invisibilidad”.

Parque Ejidal San Nicolás Totolapan

A pesar de este panorama, la esperanza se mantiene en lo comunitario, en el acompañamiento de colectivos como el de Abraham y Maleny; de brigadistas forestales que sin dudarlo abrieron senderos para las jornadas de búsqueda de personas desaparecidas y así unieron esfuerzos en la defensa común de la vida al sur de la metrópolis.

Programas como el Altépetl, de la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural, están remunerando la participación de las comunidades del suelo de conservación para conformar una red de cuidado para los bosques.

Desde brigadas contra incendios hasta reforestaciones, su labor es vital para que servicios ambientales como la captación pluvial, la captura de carbono, la provisión de alimentos y el cuidado de la biodiversidad, sean causas colectivas para hacer frente a la crisis climática y social que atraviesa la humanidad.

Por: Ana Herrera

*Agradecimiento a las personas entrevistas para este reportaje, especialmente al Colectivo Foro Elefante integrado por Abraham Rojas, Maleny García Bárbara Pohlenz, Sack Nicté y al Colectivo Armadillos integrado por Cristina Suárez, Israel Lira, Alondra Hernández y Eli Ríos.

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