Habitantes del pueblo originario San Andrés Totoltepec en Tlalpan promueven turismo geológico para conocer la historia de lo que existe debajo y sobre el suelo volcánico en un territorio que se formó tras la erupción del Xitle hace casi 2 mil años.
A través del incentivo de Pago por Servicios Ambientales, en alianza entre la alcaldía Tlalpan y la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la comunidad y el ejido de San Andrés reciben un apoyo económico destinado a la conservación y a la promoción de actividades de turismo sustentable y geoturismo en una zona de gran relevancia para la Ciudad de México: el suelo de conservación.
César Díaz, comisariado de Bienes comunales San Andrés, destaca que es la primera vez que reciben este recurso, “ojalá muchas personas se interesen por venir a este lugar que estamos tratando de conservar al máximo por la presión del crecimiento de áreas urbanas”.
Turismo geológico, una invitación sensorial para recorrer la memoria de la naturaleza
En la alcaldía Tlalpan hay 11 pueblos originarios que habitan las zonas aledañas al Ajusco, la montaña más alta de la Ciudad de México con 3,940 Metros Sobre el Nivel del Mar (MSNM).
Uno de esos 11 pueblos originarios es San Andrés Totoltepec, cuyo ejido y comunidad han destinado de manera conjunta 400 hectáreas para realizar recorridos turísticos, una vertiente más dentro de las múltiples actividades que ya realizan para preservar el ecosistema a través de acciones como la prevención y combate de incendios, saneamiento forestal y el monitoreo de fauna y vegetación.
Además de ser un símbolo geográfico y de identidad del sur de la ciudad, el Ajusco es también un volcán extinto que forma parte del Eje Neovolcánico que cruza el centro del país.
El origen del volcán Ajusco nos remonta hasta hace 4 millones de años, cuando el magma altamente viscoso que ascendía hacia la superficie apenas fluía y se acumulaba rápidamente sobre sí mismo.
Las siguientes etapas incluyeron colapsos, glaciaciones y actividad geológica que generó otro corredor volcánico: la franja Chichinautizin, en donde se encuentra el volcán Xitle.

El Xitle, “ombligo” en náhuatl. Tiene una altura de 3 mil 100 MSNM y se encuentra debajo del Ajusco. Su forma cónica y base redonda también lo distinguen en el paisaje de la región.
Su erupción hace mil 670 años generó tubos de lava que se fueron enfriando superficialmente mientras que, en el interior, estos seguían corriendo. “Los vacíos que quedaron, ahora los podemos disfrutar”, relata César Díaz.
De acuerdo con Claus Siebe, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, la expulsión de lava abarcó un territorio de 70 kilómetros cuadrados; su impacto fue de tal magnitud que cubrió Cuicuilco y causó el éxodo de los habitantes de una de las primeras zonas urbanas en el centro del país.
Gradualmente, “las rocas volcánicas se convirtieron en suelo fértil y permitieron dar sustento a grandes poblaciones”, explica Siebe.
La memoria del tiempo en el territorio.
Arriba, en los senderos del ejido, se puede ver matorral crasicaule, agave del pedregal, pinos, tepozanes, capulinesy dalias; el suelo pedregoso más poroso, rico en minerales y a la vez firme, permite ser refugio de aves, reptiles y especies amenazadas.
Debajo, en el territorio de la comunidad, las cuevas “El Tepozán” y “Entrada por salida”, son una experiencia inmersiva que asemeja a una película de viajes a la prehistoria o incluso hacia otros planetas.
La oscuridad de las cavernas se ilumina con la luz de los cascos, la temperatura es fría y el sonido hace eco al rebotar en paredes hechas de piedras creadas de la forma más artesanal por la misma naturaleza.
Algunos helechos y el chillido de murciélagos nos recuerdan que la vida permanece en territorios que pueden parecer agrestes pero que son auténticos puntos de resistencia para la preservación de la biodiversidad.

Claus Siebe afirma que el Xitle tiene las lavas “jóvenes” más densamente pobladas del mundo, esto debido a la expansión urbana de esta zona la historia reciente y que actualmente necesita ser contenida a través de muros verdes que buscan en el turismo, un aliado para la preservación.
De acuerdo con Antonia Gómez, integrante de la Bienes comunales de San Andrés Totoltepec, esta es un área protegida por los comuneros, “la tierra no se vende, se recupera y se defiende, esa es nuestra misión como comuneros”.

Presencia de biodiversidad, indicador positivo frente a la crisis climática
De acuerdo con el Programa General de Ordenamiento Ecológico, 59% del territorio de la Cdmx se considera como suelo de conservación; estas 88 mil hectáreas se distribuyen principalmente en 7 alcaldías de la zona sur.
Tlalpan tiene 84% de su suelo considerado como área de conservación, según los datos del mismo programa (que no ha sido actualizado desde 2003) lo que le permite resguardar el 2% de la biodiversidad del mundo.
Entre sus bosques de agua y suelo de pedregal, se pueden encontrar 785 especies de plantas; 237 de aves;315 de hongos, (más de 80 comestibles); mamíferos como venados, cacomixtles, linces y conejos; 56 especies de reptiles y 10 de anfibios, incluyendo especies como la culebra cincuate y la víbora de cascabel.
Si se cuenta con suerte, el lagarto cornudo (falso camaleón) y alicante (escorpión), especies amenazadas y sujetas a protección especial respectivamente de acuerdo a la NOM059, pueden salir a saludar a los visitantes de estos senderos.

Poder apreciar este tipo de especies son un reflejo del cuidado adecuado que se le ha brindado al ecosistema, además de ser una labor de suma importancia, pues la pérdida de biodiversidad es uno de los límites planetarios que se están sobrepasando por la crisis ambiental.
Sin embargo, para mantener el balance entre prácticas de conservación y turismo sustentable, y para prevenir ante riesgos o inseguridad, los grupos de turistas tienen que respetar el reglamento para visitar las cuevas y también solicitar los permisos adecuados para realizar el ascenso y descenso al interior del Xitle.
El esquema de Pago por servicios ambientales
Con una ministración anual, este convenio de colaboración interinstitucional contempla 7 millones de pesos para 7 núcleos agrarios de una alcaldía cuyo suelo de conservación genera importantes servicios ambientales como la captación pluvial, captura de carbono y la ya mencionada preservación de biodiversidad.

El sector forestal en México enfrenta una crisis presupuestaria que ha reducido los recursos federales en más del 60% en la última década, por lo que el manejo forestal comunitario a través del incentivo de pago por servicios ambientales enfrenta múltiples desafíos cimentados en el sistema capitalista que mira la naturaleza como una mercancía.
Con este tipo de incentivos, no sólo se brinda remuneración económica por las diversas tareas que realizan las comunidades para el cuidado de los ecosistemas, sino que también se evita el cambio de uso de suelo que pone en riesgo la vegetación original de un territorio para llevar a cabo actividades de agricultura, ganadería o de urbanización.
Conoce este lugar que fomenta el turismo consciente
El paraje “el mirador” en donde se encuentran los senderos interpretativos y el acceso a las cuevas, se encuentra aproximadamente a 2 km de la carretera Picacho – Ajusco, en la entrada ubicada en el kilómetro 12.5.
El lugar se encuentre abierto todos los días del año en un horario de 9 a 6 pm, cuenta con estacionamiento, caseta de vigilancia y baños.
De acuerdo con el reglamento se especifica que, para controlar la capacidad de carga en los senderos, los grupos deben ser de 10 a 15 personas, los costos varían de acuerdo a cada actividad a realizar, pero oscila entre los 50 y 250 pesos por persona.
En cuanto al reglamento para realizar el recorrido por las cuevas, este se puede consultar en este enlace.
Por: Ana Herrera
