Descrecimiento: no es una palabra (oficial) pero es un movimiento (de unión global)

Sep 18, 2018 // By:AnaHerrera // No Comment

El “descrecimiento”, y su traducción a otros idiomas, aparece en pocos en diccionarios, pero es la nueva palabra o neologismo para adentrarse en el movimiento francés que inició a principios del siglo XXI como una necesaria respuesta ante la deteriorada realidad que transgrede, en escalas cada vez más grandes, a la humanidad, a los ecosistemas, a los seres vivos.

35 años después de la publicación de “Los límites del crecimiento”, en donde se hace referencia a la finitud de los recursos naturales ante la infinita capacidad humana para agotarlos, el concepto de descrecimiento fue aceptado en México durante en el Primer Coloquio “La Apuesta por el Descrecimiento”, celebrado en 2007.

Hasta ahora el abordaje de este tema había ocurrido desde una perspectiva tendiente a lo eurocentrista, pero el descrecimiento es también una propuesta de acción para los países del sur global, a través de sus respectivos ejercicios de contextualización.

Para abrir el debate sobre convergencias y diferencias en las propuestas, a principios de septiembre se llevó a cabo la primera Conferencia Norte-Sur de Degrowth-Descrecimiento, en la ciudad de México. A ella se dieron cita habitantes de Colombia, Argentina, Costa Rica, Canadá, España, India, Italia, Francia, Alemania, EUA y México para compartir experiencias prácticas y teóricas sobre como la resistencia se manifiesta en distintas partes del mundo.

En su intervención, María de Jesús Ordoñez del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, destacó el significado simbólico de realizar la conferencia en la capital mexicana al estar construida sobre una cuenca lacustre: “Ha muerto la laguna bajo el peso del desarrollo de la metrópolis”, pero refirió la existencia de espacios como Xochimilco y sus chinampas, en donde todavía sobreviven remanentes de un ecosistema vivo que, al igual que muchos otros, puede verse amenazado por proyectos mineros y extractivistas que atentan contra la megadiversidad cultural y natural.

Así mismo refirió algunas características de México como sus 7 regiones ecológicas, sus más de 78 grupos indígenas y sus 364 variantes lingüísticas, que le hacen una nación megadiversa en términos culturales ligados plenamente a sus condiciones ambientales.

Por su parte, Gustavo Ampugnani, director de Greenpeace México, agregó que “los límites ambientales son claros,- pensar la producción, distribución y consumo – requiere cambiar radicalmente”.

Enrique Leff  del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, contextualizó sobre el momento crucial que se vive en la historia del planeta para buscar una reflexión colectiva que genere una alianza solidaria en el sur del planeta: “el llamado al decrecimiento es un pensamiento profundo de un cambio económico sustentado en las condiciones ecológicas y en las condiciones existenciales de los pueblos de la tierra”.

Algunos puntos sensibles y medulares fueron tratados por Guadalupe Valencia directora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, quien, al citar a Franz Hinkelammert, compartió la necesidad de aplicar la otredad para llevar a cabo el descrecimiento desde una solidaridad absoluta y radical “Sólo seremos si los otros son. Yo soy si tú eres. Sólo soy si tú eres”.

En su intervención Paulina Rivero, directora del programa Bioética de la UNAM hizo un llamado a distinguir las necesidades ficticias creadas por el sistema de consumo y producción actual, a las necesidades reales, no impuestas.

Silvio Cristiano representante del Support Group y del movimiento de descrecimiento en Italia, realizó una crítica a los mensajes de competitividad cotidiana que son contrarrestados por la búsqueda de cooperatividad entre redes de grupos locales, nacionales e internacionales que hagan frente a temas como la justicia climática, la defensa de los pueblos indígenas y el extractivismo, entre otros.

Gustavo Romero, del Posgrado de la Facultad de Arquitectura habló sobre el sentipensar que trae consigo el sólo nombrar al descrecimiento, al destacar que implica “una lucha porque hay un problema ideológico. Mucho del rechazo y la dificultad que existe en la transformación humana a ciertas cosas, es fundamentalmente ideológico”.

Por su parte, Christian Denzin, director del Proyecto Regional Transformación Social-Ecológic en México de la Friederich Ebert Stiftung, precisó que el diálogo requiere ser traducido en prácticas viables para transformaciones reales: “nos encontramos ante un cambio de época, nuestros modos de vivir han generado múltiples crisis sociales y ecológicas que en su conjunto están causando la destrucción del planeta, especialmente en los países del sur globalizados”.

El término “descrecimiento” proviene de la palabra “decroissant” que en francés significa “dejar de creer”, encerrando así un paradigma revolucionario al cual estamos todos invitados en participar en aras de transformar este mundo en un espacio y tiempo menos deteriorado, menos desolado, más equilibrado y solidario.

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