América Latina será sede de la reunión global para discutir agenda ambiental

May 28, 2019 // By:AnaHerrera // No Comment

Un futuro para el presente

5 de cada 10 fábricas cerraron; la minería y el fracking encontraron su prohibición vía legislativa, el transporte dejó de funcionar gracias a los hidrocarburos, las emisiones de contaminantes hacia la atmósfera se redujeron a la mitad. Hubo desempleo y crisis por un tiempo, los gobiernos pusieron en marcha programas de empleos temporales basados en instalaciones de energías renovables. Los alimentos dejaron de ser un producto y regresaron a ser un derecho sustentado en agricultura orgánica a base del esfuerzo de cooperativas locales. China redujo su masiva producción de artefactos tecnológicos, el presupuesto de Hollywood también se redujo a la mitad: ahora hay estrenos en el cine pero queda tiempo para otras actividades de ocio y esparcimiento.

Las personas van a los huertos comunitarios a platicar con sus vecinos, cuidar la tierra y dejar de ser extraños dentro de sus barrios. Hay reforestaciones programadas todos los años, hay empleos bien remunerados que cuidan de las plantaciones masivas antes y después de que se realizan. Las oficinas también redujeron sus horarios, incluso las dependencias institucionales. Los trayectos son más cortos y se pueden realizar en bicicleta o automóviles eléctricos, aún hay gasolineras y vehículos que la usan, las reservas de petróleo fueron suficientes por algunos años.

Finalmente la demanda de la población fue más baja que la oferta. No hay razón para producir como antes porque hay menor consumo. El cambio llegó por esta vía. La temperatura del planeta no se incrementó más de 1.5 C.

Es 2029 la vida ha cambiado. A 10 años de la COP 25 ahora el mundo es distinto.

El escenario es demasiado positivo, no hay plástico flotante en los océanos, ni contingencias ambientales, pero un mundo así ¿es posible?

Regresemos a la realidad.

Es 2019. En todo el mundo hay personas accionando a nivel local para transformar el escenario ambiental en el que estamos sumergidos, hay redes por la defensa de los pueblos originarios, del agua, de la soberanía alimentaria; los jóvenes están tomando las calles, exigiendo un mundo distinto.

Costa Rica está por convertirse en el primer país en Latinoamérica en generar el 100 % de su energía a través de fuentes renovables, las políticas públicas de Uruguay apuntan en esa dirección. A pesar del escenario local, las negociaciones para incrementar estas buenas prácticas requieren de un trabajo en equipo a escala global, lo cual ocurre en un escenario distinto.

Las Conferencias de las Partes (COPs)

Desde 1972 en Estocolmo, cuando se llevó a cabo la Primera Cumbre para la Tierra; a Río de Janeiro en 1992, donde se firmaron acuerdos para proteger la biodiversidad  y combatir la desertificación; pasando por Kyoto en 1997, momento clave en donde se establecieron las pautas para reducir las emisiones de Gases de Efecto invernadero; hasta la Conferencia de las Partes (COP 21) celebrada en París en 2015, las reuniones y acuerdos mundiales para abordar el cambio climático se han transformado en negociaciones que implican un papel activo de parte de cada nación.

Con el acuerdo de París, las 197 naciones que integran la Organización de las Naciones Unidas se comprometieron a evitar calentamiento del planeta 2 C, a través de la reducción de sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), incluyendo Estados Unidos y China, países con mayores índices de contaminación provocados por combustibles fósiles como el petróleo, gas y carbón, mismos que al quemarse liberan dióxido de carbono a la atmósfera (CO2), el gas más letal.

Sin embargo, a pesar de los discursos, la realidad sigue demostrando resultados poco favorecedores. A partir de los datos del informe sobre disparidad de emisiones publicado por la ONU a finales de 2018, se concluye que las estrategias de cada país para reducir sus emisiones de GEI para 2030 no cuentan con mecanismos oficiales para comprobarse. Incluso se llega a considerar que, para finales de siglo, la temperatura puede elevarse hasta 3°C.

De acuerdo a Hernán Blanco, investigador y profesor en el Centro de Ciencias Ambientales EULA de la Universidad de Concepción en Chile “No bastan las buenas intenciones, urgen los compromisos concretos…la acción climática implica un nivel de articulación y coordinación entre los distintos territorios”.

La COP vuelve a Latinoamérica

Este año la COP cumple un cuarto de siglo, y lo celebra en territorio latinoaméricano, específicamente en Chile, una vez que Brasil, por decisión de su presidente Jair Bolsonaro, decidiera no llevarla a cabo en el país de la Amazonía, convirtiéndose así en un símbolo de la oposición al cambio climático y hacia la transición de nuevos y menos nocivos sistemas de producción.

Si bien este tipo de figuras, junto a la de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, representan una fuerza opuesta, la COP 25 tiene la capacidad de significar lo contrario y de convertirse en auténtico foro para el cambio.

Al respecto Laura Rocha, Co Fundadora de la Organización Periodistas por el planeta, considera importante valorar la oportunidad desde la geopolítica del mundo actual ya que “el sur global (por lo regular) queda fuera y es el más afectado en términos de biodiversidad”.

Los recursos del fondo verde, que pretende reunir $100 mil millones de dólares para 2020, la ayuda que ofrecerán los países más desarrollados a los países más vulnerables para prepararse a los desastres naturales, la participación de pueblos indígenas y comunidades locales en torno a las acciones en los bosques, el uso de suelo y las deforestaciones, son temas que hay que seguir a fondo durante la COP 25 que se llevará a cabo en el mes de diciembre de este año.

Además de tener en consideración los bloques de negociaciones, el controversial acuerdo de Escazú y el modo de cuantificar los NDCS (Contribuciones determinadas a nivel nacional) para comprobar la reducción las emisiones de cada país.

Junto a todo el contexto geopolítico que rodea a las COPs Laura Rocha invita a reflexionar sobre la proximidad de estos temas pues no hay que “sentir que esta discusión global va a salvar al mundo como si fueran los Avengers” sino que la problemática ambiental es algo tangible en donde todas las personas somos protagonistas.

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